Generación

“yo se que mantienes tu fragilidad /(es una tristeza tan linda) /dejé de mentirte, y justo te vas / (yo sigo en el mismo lugar) /te espero en la plaza si quieres venir / (encuentro que es malo, de nuevo) /me acuerdo de ti /con las canciones de la radio /tantas canciones buenas.”
Javiera Mena y Gepe, Sol de Invierno.
En una reseña del último disco de Los Tres, “Hágalo usted mismo”, editada en el periódico El Mercurio de Chile, David Ponce resume, muy brevemente, la relación entre la música popular chilena y algunos hombres de poder en ese país:
“Algún autor anónimo escribió hace más de cien años una cueca a Balmaceda y Ángel Parra (padre) transformó en canción las últimas palabras de Salvador Allende. A Álvaro Henríquez le tocó peor: poner música a las de Pinochet. Y es un mérito extra haberlo hecho tan bien. Es un trabajo sucio, pero alguien tenía que hacerlo. Hágalo usted mismo.”
La relación no es exhaustiva, sin embargo falta mencionar la extraordinaria voz de Violeta Parra, un espaldarazo atemporal a las políticas de los presidentes Alessandri y Frei. Un preludio a los tiempos que sacudirían la historia de Chile durante los setentas y ochentas.
Ni olvidar los sonidos irresponsables de Los Prisioneros, que destrozaron las palabras de Pinochet.
Javiera Mena y Gepe, Sol de Invierno.
En una reseña del último disco de Los Tres, “Hágalo usted mismo”, editada en el periódico El Mercurio de Chile, David Ponce resume, muy brevemente, la relación entre la música popular chilena y algunos hombres de poder en ese país:
“Algún autor anónimo escribió hace más de cien años una cueca a Balmaceda y Ángel Parra (padre) transformó en canción las últimas palabras de Salvador Allende. A Álvaro Henríquez le tocó peor: poner música a las de Pinochet. Y es un mérito extra haberlo hecho tan bien. Es un trabajo sucio, pero alguien tenía que hacerlo. Hágalo usted mismo.”
La relación no es exhaustiva, sin embargo falta mencionar la extraordinaria voz de Violeta Parra, un espaldarazo atemporal a las políticas de los presidentes Alessandri y Frei. Un preludio a los tiempos que sacudirían la historia de Chile durante los setentas y ochentas.
Ni olvidar los sonidos irresponsables de Los Prisioneros, que destrozaron las palabras de Pinochet.
Por último, la voz de Victor Jara, que le dio la bienvenida a la dictadura: "¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor,presión moral, terror y locura!".
Hoy los tiempos son distintos: la muerte del “dictador”, el desgaste del gobierno de la transición/“concertación”, la “revuelta de los pingüinos” exigiendo una reforma estructural en la educación y la crisis del transporte público, no hicieron más que revelar la grieta que existe entre la sociedad chilena.
La música no se queda atrás. Existe como testigo, cronista e inevitablemente detractora, aunque sus creadores nieguen todo interés con su entorno.
Los responsables de la música de fondo de las voces de hoy, desde mi punto de vista, son Daniel Riveros (Gepe) y Javiera Mena. Los representantes de la era post-dictadura.
Javiera Mena tiene 24 años, es cantante, compositora, guitarrista, tecladista y productora desprejuiciada; dice mirar videos de Ángela Carrasco, Camilo Sesto y Ruffus Wainwrigth, para mejorar su interpretación en vivo, y asiste a los conciertos de Ana Gabriel por que aspira evocar su estilo: “[Ana Gabriel] canta, llora de verdad y todo”.
Ella se siente orgullosa de su pop: “Si la música está bien hecha, da lo mismo quien la hizo o de qué estilo es. Siento que mi generación está mas abierta en todo, como menos conservadora”.
Los del Village Voice reinterpretan su pop evasivo, sincero: “Chilean chanteuse about whom we know almost nothing, but about whom we want to know everything. Sent to us by Jesus–not this one; rather, this one. We are utter fools for this sort of dreamy chickfactoresque pop. Now if only she'd record a duet with Lupe from Pipas we could die happy. Well, happier. Well–we'd like it anyhow”.
Daniel Riveros (Gepe), a pesar de haber nacido en el año de 1981, es admirador de la música de Víctor Jara y de los hermanos Violeta y Nicanor Parra, tiene 25 años, estudia diseño y dice que desde el colegio ha escuchado metal, britpop, noise, grupos como Low y The Delgados, post-rock de Chicago y raíz folclórica de Chile, aunque compone bajo dos referentes: Sonic Youth y Violeta Parra.
En una entrevista Daniel confesó sus aspiraciones musicales: “La Violeta Parra… trabaja más con el ritmo. Es como lo que tiene la Violeta, que en el fondo tiene un alma, un poder, por sobre su música está su personalidad. Eso me interesa mucho más... A mí lo que más me interesa mostrar es que creo que como chilenos o sudamericanos o no sé qué somos, lo que nos diferencia del mundo anglosajón es que somos súper precarios”.
Una generación que esquiva las etiquetas y los formatos; que no se adhiere y piensa para sí misma, lo que les da un carácter más universal, más propio y más natural. A veces, se quedan sin palabras: “Y si no tengo /Nada que decir/Y si no tengo/Nada que cantar/Pa‘ que pierdo el tiempo así /Si lo dicho/Ya dicho esta” (Gepe).
Balbucean, pero mientras tropiezan, aciertan: “no tengo la noción / si en tu generación / se sentirá / si te vas no quiebro/ fuerza y bailar no va / no va / no lo analices mas / esto va mas allá / no se puede comparar / va con la dirección de mi generación / que va a pasar al siguiente nivel” (Javiera Mena).
¿Qué seria de esta generación sí tuvieran palabras? ¿Son la voz de los tiempos venideros?
Para mí, una excelente propuesta para retar las fracturas, etiquetas, creencias y polarizaciones.
Para mí, una excelente propuesta para retar las fracturas, etiquetas, creencias y polarizaciones.






